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III. Mesa redonda: MOOC Y COOL, alcances y limitaciones

María Ximena Pérez y Walter Campi

Autoridades y docentes de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), junto con los expertos internacionales, Miguel Zapata Ros y María Elena Chan, participaron de una mesa redonda donde intercambiaron conocimientos sobre distintas propuestas para el desarrollo de cursos en línea, de formación masiva y colaborativos, como los MOOC y los COOL. El espacio sirvió para reflexionar acerca de una política pedagógica en torno a estos instrumentos. La síntesis de las principales ideas –que se presentan a continuación–, invita a seguir investigando y debatiendo en el marco de las necesidades de la UNQ.

Educación abierta, inclusión y democratización

El movimiento MOOC surge como respuesta a una demanda de democratizar la educación universitaria; está vinculado con el concepto de apertura, donde el conocimiento se pone a disposición de quien sea que lo quiera tomar. Sin embargo, no tiene verdaderamente un fundamento político determinado, ya que la democratización del acceso de la educación superior depende de la política de las universidades y del sistema, más que de una herramienta. Si a los MOOC y los COOL se los utilizan para generar inclusión y democratización, es posible que sirvan; aunque, primero, se debe definir el objetivo y en qué condiciones podrían implementarse. En este punto, las instituciones necesitan plantearse, básicamente, dos cosas: qué hacer con estos cursos en relación a los estudiantes y cómo aprovecharlos para divulgar científicamente el conocimiento y la información.

El cambio que suponen estos cursos es innegable: han venido para quedarse. Además de despertar interés sobre lo que está sucediendo en las universidades que, desde 2012, pasaron a tener de unos pocos miles de estudiantes por curso, a cientos de miles, el hecho de que las empresas de capital de riesgo estén apostando e invirtiendo dinero en esto, poniendo plataformas, aparentemente, sin pedir nada a cambio, es un dato para tener en cuenta. En ese sentido, es necesario plantearse problemas y desafíos que surgen en torno a estos cursos.

En suma, si bien constituyen una herramienta para, por ejemplo, gestionar talentos e identificar personas en todo el mundo que hacen cosas interesantes y similares a las que se hacen en Argentina, no hay que ser acríticos: todavía existen ciertos límites que deben encontrar una solución.

Acreditación

¿Qué pasa con los MOOC y la acreditación? Si son una especie de macro curso de extensión universitaria, que no supone un grado, no otorga una licenciatura, un máster o un doctorado, aunque en Europa, por ejemplo, brinda créditos ECTS (Sistema Europeo de Transferencia de Créditos) para un grado, ¿qué relación tendrá con los estudios formales? La sociedad delega en las universidades la función cuasi monopólica de acreditar saberes; pero los saberes se adquieren en muchos lugares. La responsabilidad de acreditar es socialmente relevante porque los estudiantes que hacen cursos, ya sea de extensión, grado, posgrado, incluso los cursos organizados a partir de una problemática o una temática, necesitan algún tipo de certificación de la universidad, ya que eso da valor a lo que hicieron; además, generalmente, es lo que los motiva. Por todo esto, los MOOC dan respuesta a quienes llegan a la universidad buscando educación permanente y, tal vez, en este contexto, la certificación podría resultar interesante pensada para estudiantes de posgrado.

Masividad versus calidad

Generalmente, el total de estudiantes inscriptos es mucho mayor a la cantidad de quienes finalizan sus estudios. Para una universidad inclusiva es importante una mejor taza de terminalidad con la exigencia de calidad y acreditación.

Si bien es cierto que uno de los beneficios que podría brindar un MOOC es el llegar a poblaciones no atendidas tradicionalmente por la universidad, se debe tener en cuenta que el adulto analfabeto o el que posee algún grado de estudios menor y que se tiene que capacitar en ciertos oficios, no es el típico estudiante de un curso masivo; y por eso, el reto debería ser cómo realizar un programa que atienda a estas necesidades didácticas e institucionales.

Alternativas

En México, frente a los límites que presentan los MOOC, se plantea como alternativa los COOL, modelo con una economía de recursos muy ajustada, que se obtiene a partir de la utilización de una señalética haciéndolo, así, más operativo y sencillo. Esta propuesta puede servir para potenciar las condiciones positivas y darle forma de acuerdo a las necesidades de cada participante.

En el ámbito académico, todas las instituciones tienen una planta docente existente que posee sus propias capacidades, donde cada uno cree en determinadas cosas y puede hacer lo que considera conveniente. Hay mucha creatividad como para aprovechar la fuerza que trae esta herramienta y adaptarla para diseñar un proceso de acuerdo a la necesidad de cada ámbito. En esa línea, los COOL podrían llegar a ser un camino a seguir, por lo menos en ciertas experiencias piloto; es más fácil de aplicar en extensión universitaria y en posgrado que en carreras de grado, teniendo en cuenta lo que muestran las estadísticas: en general, los estudiantes que terminan son aquellos que tienen una calificación previa importante y los que menos necesitan tutoría.

En otras latitudes, como en España, se está trabajando con cursos masivos en capas, en los que hay una capa, que es el MOOC, donde se obtiene una insignia; en la otra capa, está el curso virtual tradicional con tutoría, donde se obtiene la certificación (un crédito del estándar europeo) que puede computarse para acreditar un grado o para un curso de especialización. Por último, una tercera capa que denominan Mastery Learning, donde la clave del éxito está en la ayuda y el estímulo que, oportunamente, se le pueda dar al estudiante para que supere sus dificultades.

El diseño y las herramientas colaborativas

No existe una sola forma de diseñar cursos de estos tipos; en todo caso se puede apostar a diseños más activos, basados en métodos probados, como la mayéutica socrática. Por el lado del aprendizaje colaborativo, el interrogatorio continuo da buenos resultados y podría ser una de las posibilidades, ya que toda la apuesta está en que el sujeto produzca y se exprese, lo que genera que, a veces, a partir de esa expresión, gire todo lo demás.

Por su parte, el diseño “transparente” plantea el “no diseño”: una corriente que va en contra del diseño sistemático. La diferencia radica en la existencia de herramientas colaborativas que brinda la web para poder hacer cosas. Supone que si se plantea muy bien el problema y se localizan las herramientas, el sujeto va a poder moverse sin dificultad; y los que necesiten ayuda, la van a pedir.

El pensamiento colaborativo es útil para determinados fines, pero no para todos; la masificación no es, exclusivamente, ni el trabajo ni el aprendizaje colaborativo, con todos los valores que tengan. Cuando se habla de cursos masivos colaborativos puede resultar útil facilitar encuentros entre estudiantes que se complementan porque no provienen de campos iguales, o porque poseen una cultura diferente; es como abrir el habla a otras posibilidades.

En los COOL se trabaja por temas específicos y se utiliza el video para plantear un caso; aunque no se trata de grandes producciones, sino de filmaciones realizadas por los mismos profesores, la temática debe estar muy bien expuesta para que todos puedan resolverla. Aquí se enlazan, por ejemplo, las herramientas digitales disponibles para realizar un mapa mental, una infografía, u otro soporte gráfico. Sin embargo, la presencia de estas herramientas es algo auxiliar al objetivo primario de construcción colaborativa del conocimiento. Por ello se adaptan herramientas sencillas con una curva de aprendizaje de escasa altura para que los estudiantes se dediquen a producir en conjunto y, de este modo, el aprendizaje sea aún más amplio, incluyendo la construcción del conocimiento, pero también el aprendizaje instrumental de la herramienta y la metacognición del proceso.

No se trata, nunca, de ver un video y contestar un cuestionario, sino de resolver un caso utilizando una herramienta colaborativa e involucrando, al menos, dos aprendizajes: el de la información que tuvieron que buscar de modo exploratorio para resolver el caso y el de la herramienta colaborativa, que les permitió discutir y llegar a una decisión.

El recorrido en la UNQ

Las preocupaciones relacionadas con la masividad, tanto en España como en México, son muy diferentes a las de Argentina, cuya inquietud, más que la masividad, es la terminalidad. Es decir, cuántos estudiantes llegan a adquirir los conocimientos suficientes para acreditar un curso de extensión, de grado o de posgrado. Algo importante como institución es ver de qué modo es posible mejorar las tasas de egreso en todos los niveles, tanto presencial como virtual, dado que no se trata de contar con miles de estudiantes sino que los que vengan, aprendan y se lleven un certificado que acredite ese conocimiento y les pueda ser útil en su futuro académico, laboral, formación cultural y/o acorde a sus expectativas.

Sin embargo, la inclusión es, también, un objetivo fundacional de esta universidad, íntimamente relacionada con su creación: aproximadamente el 70% de los estudiantes son la primer generación con formación universitaria en su familia; por eso, poder llegar a más de ellos con nuevas tecnologías es importante y posible ya que cada vez hay mayor acceso en todas las capas sociales.

Pero también es cierto que la masividad quita protagonismo al docente y, tanto en grado como en posgrado, la institución apuesta a su figura; esto implica el manejo de un curso con ciertos tiempos en los que se van desarrollando determinados conocimientos; un programa secuenciado por semanas; trabajos prácticos y colaborativos. También existe un proceso de acreditación que permite llegar al grado. En esa línea, los MOOC y los COOL pueden ser herramientas que enriquezcan lo que ya se tiene, sin implicar un cambio.

La UNQ tiene el MOOC, “Introducción al lenguaje cinematográfico”, a cargo de la docente-investigadora María Valdez, a través de la plataforma Miríada X. Este curso, elaborado desde la Licenciatura en Artes y Tecnologías con la colaboración del Área de Producción Audiovisual de la universidad, consiste en una oferta de pregrado destinada a liberar el conocimiento al alcance de todo aquel que quiera aprender del tema sin tener conocimientos previos. Con este antecedente institucional, una posibilidad podría ser empezar a producir y experimentar estos cursos abiertos para la formación de docentes.

Es interesante, entonces, seguir debatiendo “puertas adentro” para ver cómo la universidad se posiciona ante estos instrumentos, donde existe una dimensión de suma importancia: la presencia del docente y del tutor por ser figuras clave en el resultado obtenido en la docencia de grado. En esa línea, la institución puede aprender del ejemplo que ofrecen el modelo MOOC español y el COOL mexicano.

Finalmente, si se tiene en cuenta que los docentes de la UNQ son evaluados cada tres años y se les otorga un puntaje de acuerdo a las actividades que realizó, como por ejemplo, dar clases de grado, de posgrado, de extensión, participar de proyectos de investigación, de proyectos de extensión y desarrollar patentes, podría despertar interés la incorporación de puntaje al desarrollo de materiales didácticos y a la producción de MOOC y COOL. Serían instrumentos para comprometer y movilizar a los docentes para que sean parte del cambio.